Adultos que crecimos con desnutrición anímica
- Sully Román

- 26 nov 2017
- 2 Min. de lectura
La primera vez que escuché las palabras “desnutrición anímica” pensé en los problemas de salud físicos que trae la anemia. Sin embargo, en el libro: Eduquemos a nuestros hijos/Recetas prácticas de la cocina de la educación del Autor José Luis Navajo aprendí que no todo es genético ya que también influye la forma en la que vamos creciendo.
Navajo describe esta necesidad del niño como: “Un déficit en aceptación, afirmación y amor…” Así que me he dado a la tarea de explorar algunos de los síntomas que advierten este proceso y que lo describe más bien como algo emocional por su estado de ánimo.
A continuación explico brevemente cómo siento que me identifican:
Rechazo: Niños que al igual que yo sus padres se separaron y crecen con el vacío de que uno de ellos o ambos ya no lo ama. Esto es algo que se debe trabajar para lograr la sanidad perdonando a quienes provocaron la herida.
Extremadamente críticos: Se nos conoce como parte del “Síndrome del buitre” porque somos perfeccionistas y capaces de ver ese 10% de lo que no funciona bien en los demás. Todo esto por la frustración de no haber sido aceptados y amados por uno o ambos progenitores.
Ultrasensibles: Las críticas y las opiniones de los demás se pueden percibir como algo duro y en cierto punto que lastiman. Puede que la reacción ante ello sea bajo coraje o llorando.
Para prevenir un desbalance como este puedes dedicar todo el tiempo que puedas a tu familia y hacerlo de calidad. Recuerda hablar de las cosas que les preocupan y demostrarles que realmente te interesan.
Busca ayuda si entiendes que tú o tus Tesoritos crecieron careciendo de amor, comprensión y aceptación. Ningún adulto debe llegar a esa etapa sufriendo el manejo del proceso de pérdidas.
Si queremos que nuestros hijos tengan estabilidad emocional debemos desbordar de amor cada una de sus experiencias. No importa lo que pasó sino la historia que vamos a escribir con el pasar de los años.
Un fuerte abrazo de Mamá a Mamá,
Sully Román





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